Cada noche, Fumiko pensaba que si pudiera ver a Oshin nuevamente, su agonía finalmente terminaría. La ilusión de encontrarse con él, aunque levemente, la mantenía a flote, pues en lo más profundo de su corazón, aún creía que él era la pieza que faltaba para sanar su alma rota. Pero sus padres no sabían nada de esta lucha interna que la pequeña enfrentaba, y ellos seguían convencidos de que, con el tiempo, su hija volvería a ser la niña feliz y despreocupada de antes.
Mientras tanto, Oshin estab