El día había sido largo, tenso, casi insoportable. Desde que mi hermana me había dicho que no me acercara a Fumiko hasta después de la fiesta, no había tenido oportunidad de verla, de sentirla cerca. Y lo peor era que Dai, el único con el que podría haber compartido mis pensamientos, me ignoraba completamente. La situación era insostenible.
Me miré al espejo mientras terminaba de acomodarme la corbata, un gesto automático que apenas registraba. La imagen que veía no me representaba; era solo un