Capítulo 60. Noche agitada
Mikhail Kasparov, seguido de cerca por su hermano y otros dos guardaespaldas, entró a la fiesta con su porte magnífico y un traje impecable, a medida de sus músculos, y de un gris azulado que combinaba a la perfección con sus ojos de acero que miraban todo con frialdad.
Inevitablemente, muchas miradas se posaron en él. Su altura, su atractivo un poco salvaje y su fama, eran un imán.
Los dueños de la casa, el señor y la señora Amir, lo recibieron con cordialidad. Les interesaba mucho hacer nego