Capítulo 32. Festejo

Durante los días siguientes, ambos podían sentir cierta euforia, resultado de lo que habían conseguido estando juntos.

Mikhail, frío y despiadado sólo con sus enemigos, le ofrecía a Agnes un afecto del que nunca se había creído capaz.

Continuaban entrenando juntos, aumentando la experiencia y resistencia de Agnes, pero la tensión entre ellos ya no era incómoda, podían besarse, acariciarse…

Sin embargo, no habían repetido un encuentro como en el Cáucaso, por una causa que la mujer aún no desci
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