Capítulo 11. Huellas de fuego
Cuando Mikhail volvió a la fiesta, buscó a Agnes y al juez con la mirada llena de curiosidad.
Descubrió que el señor Gorennen no estaba por ningún lado, lo que le llamó bastante la atención. No solía ser de los primeros en irse de una fiesta, salvo que se enredara con alguna mujerzuela.
Ella, tan radiante como la había dejado, conversaba con un hombre alto y apuesto, con una prolija barba castaña en su rostro, y le sonreía con seductora gracia. Aunque el sujeto no miraba precisamente su boca,