—Abre la puerta, por favor —le digo y él solo sonríe haciendo que me ponga muy nerviosa.
—¿Tienes miedo?
—Jamás —le respondo—. Pero tengo cosas que hacer.
—La abriré, pero solo cuando me digas que fue lo último que dijiste después de todo tu parloteo cuando llegaste.
—¿No lo escuchaste? —las piernas se me aflojan mientras él cambia de posición, me acorrala entre sus brazos, creo que le gusta tenerme así.
—No, perdí la concentración. —se ríe y lo miro enojada—. ¿Puedes repetirlo?
—Lo que se repi