Capítulo 85
El aire en el ala de servicio siempre era más delgado que en el resto de la villa, un lugar donde el olor a lujo se sustituía por los olores utilitarios del almidón y la cera de suelos.
Pero dentro de mis pequeños y estrechos aposentos se había instalado un aroma nuevo, uno que en ese momento amenazaba con desmantelar toda mi existencia.
Estaba de pie frente al espejo agrietado, la peluca Navarino posada sobre una cabeza de porexpán a mi lado. Me encontraba a mitad de mi deconstrucc