Capítulo 90
El sol mediterráneo había comenzado su lenta y carmesí descenso, desangrándose por el horizonte en tonos de violeta violento y naranja magullado. Pero dentro del Ala Oeste de la finca Sterling, el aire no se enfriaba: se cuajaba.
Evelyn Sterling permanecía en el centro de la suite principal, el chales de playa con hilos de plata aún aferrados a sus hombros, aunque sentía un frío que ningún sol podía calentar.
En su mano temblorosa sostenía un elegante teléfono inteligente de obsidia