Lucas regresó a su oficina y tomó asiento. Se balanceó en su silla y soltó un profundo suspiro. Sus ojos se quedaron fijos en la pared mientras pensaba en las palabras de Janette. Sabía que la había herido profundamente, y no la culpaba por sentirse así. Merecía su ira, su odio y su resentimiento.
Pero no podía rendirse. No podía perder la esperanza. Tenía que arreglar las cosas, no solo por él, sino por su hijo, Ethan. Quería ser un buen padre y también un buen compañero. Quería mostrarle el am