Mundo ficciónIniciar sesiónAmelia miró su reloj, uno que le había prestado Penny. Se había acostumbrado a tener uno, y le sorprendía ver que a sus dieciséis no era esclava del tiempo, pues no tenía un solo reloj de pulsera entre sus cosas. Y tampoco existían aún los teléfonos inteligentes, así que se sentía perdida en medio de las horas.
Ya había pasado el mediodía. Oh, qué rápido se iba el tiempo. Este d&iac







