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Amelia y Zack entraron de nuevo al auto de Howard, y, una vez sentados, ella no pudo evitar soltar la carcajada.

—¿Qué te causa tanta gracia? —le preguntó él sonriente, contagiado por su hilaridad.

—La cara de Vivian —rio Amelia—. Fue como: ¡¡esta me las pagarás!! Fue muy gracioso—. Zack sólo la miró sonriendo y elevando una ceja. Puso el auto en marcha y salieron del p

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