―Nada en especial, solo que hice… ¡Tu desayuno preferido! Y te paso esta vez ese ridículo apodo, ¿eh?, porque debo contarte algo, ¿puedes venir hasta acá?
―Seguro, en quince minutos llego, aunque si pudiera manejar como me gusta llegaría en cinco. ―Ari da un grito ahogado.
―¡NI SE TE OCURRA! Ya llevas records en multas, recuerda que una próxima y adiós competencia.
―Sí, madre. Calma. Te veo en un rato.
Reconozco que amo la velocidad, pero debo controlar mi pie ya que tengo un colorido y surtido