El juego llevaba lo que parecían horas. La botella de vodka en el centro del círculo estaba casi vacía, y sentía un ardor intenso y mareante en el estómago. Había bebido un trago tras otro, cada uno más fuerte que el anterior, y mis protestas se ahogaban entre los vítores y las risas del grupo.
Aún oía la voz de Michael burlándose de mí antes, diciéndome que era "tímido". Quizás por eso, cuando las cartas seguían llegando, prefería beber a los retos una y otra vez. Pensé que me mantendría a sal