Tres días después...
Era una hermosa mañana. La luz del sol se filtraba por los altos ventanales del edificio, tiñendo los suelos de un cálido dorado. Estaba de pie con dos miembros del personal de la casa, entre todos los demás, repasando cosas sencillas como los ajustes a los arreglos florales del recibidor, el menú de la cena y una nota sobre el retraso del servicio de lavandería. Detalles cotidianos, pero necesarios, y me gustó la pequeña sensación de estructura que me dieron.
Fue reconfort