Capítulo 52.

Elisa sentía que el cuerpo se le iba a partir en dos, una necesidad muy fuerte de gritar la estaba inundando y al hacerlo sentía que descansaba un poco.

— No grites, por favor, no grites, no llames la atención— suplicaba Miel con susurros al mismo tiempo que sobaba una parte de su vientre continuamente.

No iba a dejar que uno de los guardias viniera a dañarla aún más, solo porque los gritos lo molestaban o lo ponían de mal humor.

Eso ya había sucedido y la chica que había recibido la paliza no
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