Al día siguiente, la mañana trajo consigo una preocupación mayor para Luke y los padres de Jane. Su fiebre no había cedido, y ahora respiraba con dificultad, con la piel aún más pálida que la noche anterior. Su madre intentó despertarla con suavidad, pero Jane apenas reaccionó, murmurando incoherencias en su estado febril.
—No podemos esperar más. Hay que llevarla a un hospital, al que está cerca del centro del pueblo, la veo muy mal.— Dijo su padre llevándose las manos a la cabeza, sueña de