— Lo sé —admitió—. Pero no puedo hacerlo hoy. No hoy, cuando todo esto está preparado para pedirle que sea mi esposa. Esta noche es para ella, para hacerla feliz. La verdad… la verdad puede esperar un poco más.
El padre de Luciana suspiró, apretando el hombro de Alejandro con un gesto paternal.
— Solo te pido que cuando ese momento llegue y nosotros estemos preparados quizá podremos hacerlo juntos y tú puedes ayudarle a que entre en razón, Alejandro. Si la amas, debes confiar en que entenderá,