Cuando llegó a la entrada de la empresa de Víctor Espinoza, una sensación de tensión se apoderó de ella. Esta no era una misión de infiltrarse en la vida personal de alguien, sino de crear una red de espionaje que se conectara perfectamente con lo que ya había hecho en la empresa de César Robles. Sin embargo, no podía permitir que ninguno de los empleados se diera cuenta de que algo no encajaba.
Estacionó con cautela en el aparcamiento y salió del vehículo con paso firme, segura de su papel. A