Alejandro sintió que el estómago se le revolvía al escuchar el nombre de Luciana salir de los labios de Ernesto. Un sudor frío comenzó a formarse en su frente. No era solo una amenaza para él, sino para todo lo que había jurado proteger.
—Tú no te atrevas a involucrarla en esto —respondió Alejandro, su voz cargada de advertencia. El control que siempre manejaba con tanto cuidado comenzaba a resquebrajarse—. Si tienes un problema conmigo, lo manejamos entre nosotros. Deja a Luciana fuera de esto