El juego de las miradas

No necesito que me cuiden, se me arreglo yo misma, Héctor vete, estaré bien. Luciana lo dijo en tono incómodo; ella sabía que Héctor no solo quería ser su amigo, sino algo más.

—No me rechaces, por favor —dijo Héctor, mirándola a los ojos.

—Héctor, no seas intenso. Ven conmigo, quiero mostrarte dónde está la comida —agregó Clara, amiga de Luciana, sujetando la mano de Héctor y dejando a Luciana completamente sola.

Clara y Héctor se fueron, mientras Luciana se quedó completamente quieta, esperan
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