Ella no lo soltó. Su agarre era firme, sus ojos brillando con una mezcla de deseo y dolor.
—Alejandro, por favor, escucha. Si Luciana te deja... o si nadie más te llena, búscame. Yo siempre estaré aquí para ti, esperando con los labios, con mi cuerpo y con toda mi alma. Todavía te amo, ¿sabes? —Su voz temblaba, pero había un tono de súplica disfrazado de promesa—. Me divertí tanto contigo, Alejandro. Nunca lo olvidé.
Alejandro la miró directamente a los ojos, su expresión ya no era de confusión