Al día siguiente, cuando llegué a la oficina, me encontré con unas flores encima del escritorio. Eran muy hermosas, unas margaritas, mis preferidas. La nostalgia me ganó al leer el nombre del remitente. Vienen de parte de Andy, pero el recuerdo de que me dejó por otra mujer me invade el coraje y las ganas de gritarle que es un puto idiota por abandonarme.
Tomo el ramo de flores y las lanzo en el primer basurero que encuentro. Vuelvo a entrar en la oficina, me siento en la silla ejecutiva y veo