Andy ni siquiera se ofreció a llevarme, tuve que pagar un taxi para que lo hiciera. Voy para otro lugar, pero mi corazón se queda dentro de esa mansión junto con mi hijo. Ahora soy un pedazo de carne andante a la que no le importa ser infeliz y continuar sufriendo con tal de que el pequeño Jaime se encuentre bien.
En los próximos tres días estuve acudiendo de manera normal a su clínica. Él ni siquiera me dirige la palabra personalmente, solo cuando se trata de nuestro trabajo en común.
Este día