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Al amanecer, quería matar a Andy por despertarme a puros besos. Me rogó para que volviéramos a hacer el amor, pero en realidad yo estaba demasiado adolorida de mi vagina. Anoche nos dimos duro, como decimos popularmente, y ya no doy para otra ronda por este día.

—Vete a tu habitación, el niño o las niñeras nos verán juntos y no nos conviene. —Pedí. El perezoso se quitó de encima de mí y ¡maldición! Se le ocurre mostrarse desnudo frente a este angelito.

—¡Ten un poco de dignidad y cúbrete! —Exig
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