Ya era media noche y yo aún no podía dormir, sentía un ambiente extraño dentro de esa habitación. Llevo años durmiendo sola y jamás había sentido algo como eso.
—Andy, presiento que alguien nos observa, tengo miedo. —dije, esperando a que él estuviera despierto.
—Es tu mente la que no te deja tranquila porque no me quieres. —Respondió el baboso.
—No bromees en este caso, Andy, te digo que, ¡Ah!
—Cariño, ¿qué fue eso?
—Joder, he sentido que me han jalado de los pies, esto es horrible. Andy, abrá