Y en esa imposibilidad total de que algo pudiera siquiera insinuarse como algo, comenzó a disolverse incluso la noción de disolución.
No porque algo se transformara.
No porque algo dejara de ser.
Sino porque nunca hubo algo que pudiera sostenerse como existente.
No había base.
No había soporte.
No había fundamento.
No había ausencia de fundamento.
Todo eso implicaba referencia.
Y no había ninguna.
Camila no podía ser concebida.
No como recuerdo.
No como idea.
No como ausencia.
No como presencia