El beso no dejó una promesa explícita, pero sí una sensación difícil de ignorar. Como si, por primera vez en mucho tiempo, ambos hubieran dejado de correr en direcciones opuestas y, sin darse cuenta, se hubieran detenido exactamente en el mismo punto.
Camila fue la primera en apartarse, no por incomodidad, sino por necesidad de respirar algo que no fuera únicamente la cercanía de Gavin.
—Creo que si me quedo un segundo más… —murmuró, con una leve sonrisa—… voy a empezar a decir cosas que despué