La noche avanzó sin que ninguno de los dos tuviera prisa por cerrarla. Afuera, la ciudad seguía su ritmo indiferente, pero dentro del departamento de Camila el tiempo parecía moverse con otra lógica, más lenta, más consciente.
Gavin se sentó finalmente en el sofá, apoyando los codos sobre las rodillas.
—No sé por qué siento que esto es importante —dijo, más para sí mismo que para ella.
Camila se quedó de pie unos segundos, observándolo, antes de sentarse frente a él.
—Porque lo es.
—¿Por nosotr