El nuevo año comenzó con una lentitud inesperada. No hubo sacudidas ni decisiones drásticas, solo una continuidad suave de lo que ya estaba en movimiento. Camila volvió al trabajo después de las fiestas con una sensación distinta: no era entusiasmo, tampoco desgano. Era algo más estable, una disposición serena a hacerse cargo del día sin dramatizarlo. Gavin lo notó en los pequeños gestos: en cómo ella preparaba el café sin mirar el reloj, en la manera en que respondía mensajes sin urgencia, en