El nuevo año no comenzó con celebraciones estruendosas ni decisiones radicales. Llegó, simplemente, como llega la marea: avanzando sin pedir permiso, cubriendo lo que antes parecía firme. Me desperté temprano el primer día, sin alarma. La casa estaba en silencio y ese silencio no pesaba. Preparé café y me senté junto a la ventana con el cuaderno abierto, sin escribir todavía. Me gustaba esa sensación de página disponible, de espacio no reclamado.
Pensé en todo lo que había cambiado sin hacer ru