PUNTO DE VISTA DE ELIANA
Esa confesión no era necesaria. Sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa y luego su expresión cambió a una que no pude comprender.
"Ya te lo he dicho, Eliana, ¡no puedo amarte! No puedo amarte..." Dijo las palabras con tanta fuerza y, finalmente, con asco.
Se me llenaron los ojos de lágrimas; no pude evitar reaccionar ante su evidente asco.
"¿La idea de amarme te da tanto asco?"
"No es así, Eliana..."
"¿No lo es? Entonces dime, ¿cómo es?" Sollocé, resp