Eliana
Pasó un día, un puto día entero y todavía no había noticias. Dejé que esos hombres me arrastraran de regreso a Londres. A un apartamento bastante cerca de la escuela.
Era básicamente un arresto domiciliario. No se me permitía salir del apartamento. Había ojos puestos en mí casi cada segundo del día, asegurándose de que no intentara escapar.
—Llama a tu jefe —ordené, mi voz era firme, feroz.
El hombre más cercano a mí levantó una ceja en señal de duda.
—Me has oído, llama a tu jefe, Sr.