Rodrigo Cerna estaba sentado cerca de su escritorio en una pequeña oficina. El exceso de
muebles y periódicos usados le daban un aire mucho más pequeño, solo había un espacio
donde se podía caminar con libertad y se encontraba frente a la puerta. Rodrigo jugaba con un
habano, lo pasaba por sus dedos. Primero de la mano izquierda, era zurdo, y luego de la mano
derecha. El habano era solo un objeto de distracción hasta que decidiera fumarlo. Ese día
llegará una vez haya asesinado a la persona que