Salgo del hotel aun con la cara roja por la vergüenza. No puedo creer que soy tan tonta como para pensar que el señor Li puede querer algo conmigo. El único que se interesa en mí es mi esposo y de una manera ridícula. ¿Cómo es que ha resultado ser tan descarado como para ponerme un virus en mi móvil?
De camino a casa le pido al chofer si puede detenerse en una tienda. El hombre me dice que el señor Li le pidió que me lleve a donde yo quiera y que a la vez me espere si se lo pido. Incluso en eso