Walter me come a besos y yo puedo pasar mi lengua por sus bien tonificados músculos de sus brazos, hombros y mucho más abajo. Sube sus labios hasta mi cuello, acaricia mi oreja mientras yo rodeo su ancha espalda con mis brazos y suelto gemidos.
—Zaideth, Zaideth —me susurra al oído—. Tienes un rollito en la barriga.
Abro mis ojos y me siento con rapidez en la cama.
—Mierda —mascullo mientras llevo una mano a mi rostro.
Cierro los ojos y a mi mente llega el recuerdo de aquel sueño donde Walter y