Esa noche Zaideth no respondió mis mensajes, pero decidí no buscarla y mucho menos insistirle, sé que ella llegará a mí sin yo pedírselo. Le gusto, se le nota cuando me mira; muchas veces me ha observado los brazos y los labios con deseo.
A las nueve de la noche, Eva me llama para invitarme a un paseo que tenía con unos amigos para un piscinazo en una cabaña. Me recalcó que Zaideth iba a ir, como para animarme a aceptar.
—Hoy llegó bastante enojada a la casa, ¿no habrá sido por ti? —me pregunta