Tessa
Puesto que no podía dejarlo tirado como a un vagabundo, no tenía otra opción que llevarlo a casa.
—Vamos. —Le dije rodeándole la cintura con la mano, para conducirlo en línea recta a través el pasillo, luego de bajarnos del elevador.
Ya. La corta, pero educativa incursión que habíamos tenido por la recepción, me enseñó que no podía dejarlo solo, ni por un solo segundo. Porque era una enorme masa de dimensiones extraordinarias, dando tumbos de un lado al otro sin ningún cuidado. Mientras d