—¿Acaso siempre tiene que darme un susto, señor? —dijo doña Rosarura, mientras se llevaba la mano al pecho porque a quien menos esperaba ver era a Daniel Busch.
Daniel sin permiso tomó la mano de la señora y le dio un beso en el dorso de la misma, acción que la dejó paralizada pero reaccionó a tiempo para quitar su mano aun con los ojos bien abiertos.
—Doña Rosaura… suegra, le juro que no era mi intención, pero debía venir lo antes posible —dijo él, mientras terminaba de recuperar el aliento y