La tensión se intensificó cuando entramos en la guarida del enemigo. Un escalofrío recorrió mi espalda, mientras una sensación de inquietud se apoderaba del ambiente. El aire se sentía electrizado y una atmósfera espesa flotaba a nuestro alrededor.
De repente las luces parpadearon y se apagaron, sumergiéndonos en una oscuridad total. El silencio fue roto por un murmullo sutil, un susurro escalofriante que parecía resonar en todos los rincones. Una presencia invisible parecía flotar, observando