Tras la caída de la Orden, todos pensaban que la batalla estaba ganada, pero yo sabía que estábamos lejos de cantar la victoria definitiva. La Orden, a pesar de estar debilitada, era como un fénix que podía resurgir de las cenizas en cualquier momento. Emily y yo vivíamos bajo constante vigilancia y con la sensación de que nos observaban, incluso en nuestros momentos más íntimos.
Un día, mientras estaba en mi oficina del Senado, recibí una llamada inesperada de Thomas Wilson, el antiguo rival c