CAPÍTULO 87. ¿QUÉ OCURRIÓ?
Semanas después.
La calidez de las caricias de Virgine, hicieron que Guillermo abriera los ojos lentamente, arrugó el ceño al percibir que la luz que se filtraba a través de las persianas, lastimaba su visión, aún no lograba adaptarla.
—Hora de comer —susurró su madre, y tomó la cuchara, para ayudarlo.
—Puedo hacerlo, ya me siento con mayor fuerza. —Sonrió y la tomó de la mano de su mamá.
Era tanta su emoción de Virgine, que lo atendía como cuando era pequeño, se desvivía por él.
—Tienes razón,