CAPÍTULO 30. MÁS QUE BIEN
Isabella tomó una de las manos de Guillermo y la colocó cerca de su corazón, deseando que sintiera los fuertes latidos que le provocaba.
—Nunca había sentido esto por nadie —confesó con un fuerte destello en su mirada—, eres tan especial, tan distinto…
Guillermo ladeó su rostro y con uno de sus dedos la silenció.
—He aprendido lecciones importantes, la muerte fue mi maestra —declaró—. Aprendí con honores, no puedo desperdiciar ni un solo día de mi vida. —Acarició sus mejillas con la tibieza de