Su extraña actitud, le causó desconcierto, por lo que salió de la oficina detrás de ella y recargó sus manos sobre su cubículo.
— ¿Qué te sucede? —preguntó mirándola fijamente a los ojos.
—Nada, tengo mucho trabajo —mencionó mostrando una pila de expedientes que tenía que archivar. — ¿Necesita algo? —preguntó mientras abría una de las carpetas y fingía leer unos documentos.
—Saber, ¿qué te ocurre? —argumentó bajito para no llamar la atención.
—Estoy bien, deseo hacer bien mi trabajo, no quiero