Furiosa e indignada fui al cubículo de Waldo en el diario. Sus compañeros de deportes lo bromeaban y se mofaban de él viéndolo con la cara hinchada, completamente moreteado y el labio partido por la mitad. -Te pasó un tanque encima-, le dijo uno. -No debes ser tan pegalona, Jenny-, me pidió otro y un tercero fue aún más irónico. -Garret te dio una paliza por mujeriego-, chilló a los cuatro vientos porque Perkins ya había esparcido el chisme de la gran pelea entre ambos por mí.
-Yo sé defen