Llevo ya días vomitando, y no sé si es porque Mario ha puesto algo en la comida o bebida, o quizás por la tensión que es caminar y solo ver paredes blancas a tu alrededor. De cualquier forma, mi cuerpo se siente cansado con cada arcada, e incluso, aunque no pudo ver mi reflejo, se que estoy tan pálida como un plátano.
He perdido la cuenta de los días que llevo encerrada, pero, para ser sincera, la verdad es que nunca la tuve. Ni siquiera sé si, ahí afuera, es de día o de noche, si llueve o hay