—¡Es mi hermana pequeña! —Grité con fuerza mientras agarraba con fuerza de la camiseta de Tom. —Solo tiene quince años. —Quería matarlo con mis propias manos.
—¡Ana! —De repente escucho la voz de William, que sé, que me está siguiendo desde la carpa, hasta el árbol en donde está cayendo una tormenta.
Y cuando Will me alcanza, pone sus manos sobre mis hombros, pero yo no puedo aguantar más. Como si fuera polvo caigo al suelo desmoronándome. No podía estar más de pie, ya no más. Estaba tan cansad