David y yo nos levantamos juntos, sintiendo el peso del momento en cada paso hacia el estrado. Mi mente era un torbellino de emociones; la presión en mi pecho aumentaba con cada metro que avanzábamos. Había esperado este momento durante tanto tiempo, el instante en que la justicia finalmente prevalecería, pero ahora que estaba aquí, la responsabilidad me abrumaba. Era nuestra oportunidad de hablar, de presentar nuestra verdad al mundo, de cerrar este oscuro capítulo de nuestras vidas. Sentía el