—Esto cambia todo —murmuró Sarah, sus ojos brillando con una mezcla de emoción y confusión.
—Sí, lo cambia todo —respondí, acariciando suavemente su mejilla—. Pero ahora podemos ser honestos el uno con el otro.
Sarah asintió, una pequeña sonrisa apareciendo en sus labios. Al ver su sonrisa, la acerqué más a mí y dije:
—Ya que esto está cambiando, te pregunto, Sarah Johnson, ¿aceptas ser la novia oficial de este super abogado para después, en un futuro, hacer de este matrimonio ficticio uno real