Me desperté al sonido de la lluvia golpeando suavemente contra la ventana. Me moví un poco y noté que todavía estaba oscuro afuera. Sentí el cálido abrazo de David a mi alrededor y, entre dormido, él susurró:
- Amor, aún es temprano. Quiero quedarme así y que durmamos un poco más.
Sonreí medio adormilada y le respondí:
- Está bien, amor, pero hoy sí tenemos que ir a trabajar. No podemos dejar todo abandonado para disfrutar de lo nuestro.
- ¿Y por qué no? Tú eres dueña del bufete y yo estoy de l