NICHOLAS
La cena con Emily había terminado de una manera que jamás hubiera anticipado. Después de que ella me arrojara el agua en la cara y se marchara furiosa del restaurante, me encontré en un estado de desconcierto. Mi propuesta de matrimonio por conveniencia la había indignado, y no podía culparla por su reacción. Había subestimado la magnitud de los que estaba sugiriendo.
Los días siguientes se deslizaron en un abismo de incertidumbre, formando un paréntesis cargado de ansiedad. El silenci